Historia, Parte 3

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Los años 90

El impulso de las décadas anteriores no sólo continuó: se produjo una explosión en el número y la sofisticación de las OSC en los años 90. El fin de la Guerra Fría y de la mayor parte de las violencias internas aceleró las tendencias que hacían que las sociedades fueran cada vez más tolerantes de nuevas ideas y más prósperas. Los gobiernos tenían una razón menos para desconfiar de los ciudadanos que querían juntarse en asociaciones. Las elites de los negocios y de los gobiernos sintieron la presión de los consumidores y de los electorados cada vez más educados y exigentes y ya no tenían que apostar por un ganador de la Guerra Fría. Abrieron sus puertas, más o menos según el caso, a las empresas transnacionales, que hicieron una estampida para entrar. Ganaron para sí, y para los demás aumentaron el poder adquisitivo y los ingresos disponibles. También pusieron algunas empresas nacionales fuera del juego. Para ponerse una cara amable, hicieron donativos: unos cuantos grandes a las OSC de alto perfil y muchos pequeños a las entidades menores. Las empresas nacionales que sobrevivieron también aumentaron sus donativos.

De los pocos datos disponibles sobre cómo era la sociedad civil en esos días, he aquí uno, de 1994. En un sondeo de 900 ejecutivos de las OSC de Brasil, el 43% se identificó como comunista o ex comunista.[1] Así que no es de extrañar que esas personas despreciaran el dinero corporativo—al menos durante un par de años—. Las fundaciones extranjeras comenzaron a reducir su apoyo al ver que las empresas podían llenar el vacío. Y para los gobiernos, la consigna del día fue la privatización. La multitud que desdeñaba los negocios pronto subió al camión de los donativos de las empresas, no sólo en Brasil sino en toda América Latina. Al principio, la actitud de esas OSC era: nosotros estamos haciendo el bien, ustedes tienen los bienes, entonces dénoslos. Miradas perplejas de los hombres de negocios. Frente a esas miradas, con el tiempo las OSC aprendieron a presentar sus proyectos de una manera inteligente, apelando al propio interés de la empresa en cuestión.Las OSC, al igual que los gobiernos, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, llegaron a enamorarse del sector privado querido. Todo era nuevo, fascinante.Las empresas crean puestos de trabajo, ponen comida en la mesa y meten efectivo en los bolsillos. ¿Quién lo hubiera pensado?

Los nouveaux riches, al igual que sus predecesores, tendían a formar fundaciones-familiares-operativas. Algunos daban donativos, pero fue la creciente clase media, además de las empresas, que atrajo la atención de las OSC.[2] Muchas fuentes de dinero más la competencia por él equivalen a la demanda por expertos en la procuración de fondos. La profesión arrancó. Los dos primeros libros sobre el tema escritos en español para América Latina fueron publicados en el invierno de 1994-5, en México. Una traducción brasileña de uno de ellos llegó a las librerías en 1995, el primer libro en portugués. Catorce latinos asistieron al congreso más grande de procuradores de fondos de EE.UU. en 1994. Seis años más tarde, había ciento cuarenta. Pero ese número no era una medida del alcance de la profesión en la región. Unas asociaciones profesionales e institutos de capacitación habían surgido en los países más grandes, ofreciendo congresos, cursos y consultorías. ¿Por qué ir al Norte?


[1]  RC Fernandes y LP Carneiro, las ONG brasileñas en la década de 1990: un estudio de Nuevos Caminos para el Desarrollo Democrático en América Latina, 1995, Lynne Rienner Publishers, Charles A. Reilly, coordinador.

[2] “Los ingresos de las personas pobres han aumentado en la última década, lo que lleva a una gran caída en la desigualdad. En la mayoría de los países de América Latina el coeficiente de Gini en 2010 fue menor que en 2000. El promedio de la región, a 0,5, se ha reducido desde casi 0,54 en una década, y está más bajo que en cualquier momento en los últimos 30 años … ” The Economist, 13 de octubre de 2012, traducción del autor del escrito presente.

 

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